Hoy en Café Los Portales: Pedro Infante, un hombre de muchas pasiones

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El Inmortal, el Mil Amores, el Ídolo de Guamúchil… este hombre tiene tantos apodos como tuvo pasiones y, sobre todo, talento. Hoy en tu blog de Café Los Portales hacemos una semblanza al único e irrepetible Pedro Infante, a 62 años de su aniversario luctuoso.

De Mazatlán a Guamúchil

Pedro Infante Cruz, nació el 18 de noviembre en el puerto de Mazatlán, Sinaloa, siendo el cuarto hijo del matrimonio entre Delfino Infante García y Refugio Cruz Gómez. Su padre, don Delfino, es quien desde los genes y la crianza inculcó en la futura estrella el amor a la música, ya que era maestro de música y poliinstrumentista en varias bandas y orquestas de Sinaloa.

Cuando Pedro tenía la edad de siete años, él y su familia se mudaron a Guamúchil, donde llegó a estudiar hasta el cuarto grado de primaria, el grado más alto al que podían aspirar los chicos de la región.

El oficio de Cristo

La realidad es que también eran otros tiempos: Pedro tuvo 15 hermanos (de los cuales sobrevivieron nueve), por esto mismo, la situación en su casa era precaria y siendo apenas un niño tuvo que trabajar para ayudar con los gastos de su familia. Su primer empleo fue en Casa Melchor, un comercio que se dedicaba a la venta de insumos agrícolas. Era mandadero ahí y, a pesar de ser sólo un niño, le bastaron unos meses para ser nombrado Jefe de Mandaderos en el lugar.

Sin embargo, pronto llegaría otra de las pasiones de Pedro a su vida: en el taller del Sr. Jerónimo Bustillos, donde estuvo cerca de cinco años, aprendió a tallar y trabajar la madera, a ser carpintero, vaya. Con mucho orgullo se le oía repetir que “era el oficio de Cristo”, y desde luego aprovechó esta habilidad para tallarse su primera guitarra y así juntar sus dos pasiones más tempranas de manera magistral, sin saber lo que el destino le preparaba.

De Guamúchil a la gran ciudad

Ya entrado en la música y siempre con el apoyo de su padre, Pedro tomó clases con el maestro Carlos R. Hubbard. Tiempo después formó una orquesta llamada La Rabia, con la cual tocaban en los cabarets de Guamúchil a diez centavos la pieza; pronto se dieron a conocer en todo Sinaloa y Pedro contaba con apenas 16 años. Con el pasó del tiempo, habiendo sido vocalista de varias orquestas en Culiacán, llegó a presentarse en la radiodifusora local, la XEBL.

A los 19 años fue papá por primera vez, con su primer novia formal. Sin embargo, fue hasta que conoció a María Luisa, quien era 10 años mayor que él que, con su antecedente de la radiodifusora local, lo convenció de probar suerte en la capital. De aquí en adelante, la historia de el Inmortal es bien conocida.

Época de oro del cine mexicano

Pedro también tuvo suerte, ya que la llamada época de oro del cine mexicano coincide con la segunda guerra mundial, y en este sentido se dice que es justo debido a este conflicto que Estados Unidos (Hollywood, más propiamente) vuelca todo su trabajo en el territorio neutral que fue nuestro país, dando así el impulso definitivo a una carrera en la cual Pedro grabó más de 60 películas como actor, en el periodo entre 1939 y 1957, comenzando como extra en En un burro tres baturros y siendo ya actor principal en La feria de las flores (1943).

Su éxito se debe en parte a la identificación del gran público nacional, que gracias a la naciente industria manufacturera en la capital, recibió una masiva migración de las zonas rurales de todo el país, en busca de mejores oportunidades. La mano de obra comenzó entonces a ubicarse en torno de los centros industriales, y esto dio paso a la cultura de las vecindades: terrenos amplios y compartimentados hogares de poco tamaño donde vivían distintas familias y que tenía como centro un patio común para todas las viviendas. La trilogía conformada por Nosotros los pobres (1947), Ustedes los ricos (1948) y Pepe El Toro (1952) fueron sin duda reflejo fiel de esta realidad y de ahí el cariño que el gran público de México depositaría en Pedro Infante.

La última pasión

La vida de nuestro ídolo tuvo un final abrupto a una corta edad y con muchos planes aun por realizar. Una de las pasiones de Pedro Infante fue la aviación, durante su vida acumuló 2989 horas de vuelo, registrado como el Capitán Cruz. Desafortunadamente, tuvo tres accidentes: el segundo le dejó el cráneo fracturado, y debido al impacto quedó calvo, así que compró un costoso peluquín hecho a su medida; el último de ellos fue el que acabó con su vida, cuando recién despegaba en el mero centro de Mérida, Yucatán, con tan sólo 39 años de gloria.

Así, hacemos una breve reseña de sus pasiones: la música, la carpintería, las mujeres, el cine y la aviación; y tú ¿con qué pasión de Pedro te identificas más? ¡Nos vemos en la próxima entrada!

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